Educación pública superior, en crisis

Elevada demanda, presupuesto insuficiente y estructura organizativa complicada hacen de la universidad estatal la cuna de una crisis que tarde o temprano estallará

Dicen que los hijos son el vivo reflejo de sus padres. Y en una analogía con el tema educativo, la relación no puede ser muy diferente, la educación pública superior termina siendo el reflejo de la educación pública primaria y secundaria.

Una altísima demanda y un limitado presupuesto serían, según los más cercanos sectores a las roscas administrativas de la educación, los principales obstáculos para lograr que los niveles de calidad mejoren.

Mientras esto suceda, seguiremos viendo los eternos resultados de las evaluaciones de entidades como el Fondo de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) en los que las capacidades matemáticas y de manejo del idioma nos ubican en niveles que dejan mucho que desear.

El Informe de Competitividad Global (ICG) 2013-2014, del Foro Económico Mundial, refleja que el país ocupa el puesto 101 en el ranking de los 148 países evaluados en el área de la salud y la educación primaria. Los más cercanos a nosotros son Honduras, Nicaragua y El Salvador, que ocupan los puestos 90, 87 y 86, respectivamente. Panamá y Costa Rica, están mucho mejor ubicados en los puestos 68 y 64, respectivamente.

La historia no varía significativamente cuando de analizar la educación superior se trata. Y aquí hablamos no sólo de la pública sino también de la privada. En este rubro, que se mezcla con el de la capacitación, el ICG nos ubica en el puesto 105, de 148 países. De acuerdo con estos datos sólo estamos mejor que Nicaragua y Honduras, que están en las posiciones 109 y 110, respectivamente, y peor que El Salvador, Panamá y Costa Rica, ubicados en los puestos 100, 68 y 33, respectivamente.

Estos datos nos demuestran la diferencia abismal que tenemos con respecto de Costa Rica, al menos si analizamos el área centroamericana.

Verónica Spross, directora ejecutiva de Empresarios por la Educación, nos cuenta que de 141 mil graduandos examinados el año recién pasado, a duras penas el 26 por ciento aprobó la evaluación en el tema de la lectura. Pero la situación fue mucho más crítica para la evaluación en el tema de la matemática, pues allí sólo el 8 por ciento logró superar la prueba.
Este panorama nos puede hacer comprender, en parte, la difícil situación que enfrenta la educación pública y, por supuesto, la educación pública superior no puede quedar fuera de este lamentable marco.

Entre el mal y el bien

La Universidad de San Carlos (Usac) es la única institución pública que ofrece educación en el nivel público. Así que hablar de la educación pública superior es lo mismo que hablar de la Usac.

Aunque el rector de la Usac, Carlos Alvarado Cerezo, no respondió a los llamados de revista GERENCIA para obtener una entrevista, en publicaciones de prensa se ha manifestado en varias ocasiones que la San Carlos ya supera los 160 mil estudiantes y que para 2015 se proyecta que ronde los 200 mil.

Estas cifras podrían ser una primera explicación a los problemas de la educación pública superior, pues atender esa demanda no es nada fácil.

Si a lo anterior se agrega que 1 de cada 4 de esos estudiantes que ingresan a la universidad carecen de capacidades básicas en áreas como la lectura y la matemática, entonces aquí puede comprenderse que elevar el nivel educativo es complicado en estudiantes que llegan con niveles indeseables de formación.

De acuerdo con Verónica Spross, los lamentables resultados en el área de matemáticas podrían analizarse como la escasa capacidad que tienen los estudiantes para entrar con éxito a carreras relacionadas con temas científicos o íntimamente vinculados a la matemática, como las ingenierías, por ejemplo.

Y en el tema de la lectura, la situación no es menos preocupante. Spross recuerda que “la lectura es clave, pues tener comprensión lectora es lo que nos permite aprender”.

La directora ejecutiva de Empresarios por la Educación advierte que, según la Unesco, hay que formar para la vida, y eso significa que se deben generar las competencias que a los estudiantes les sirvan para vivir y para enfrentar el mundo laboral. Aquí es donde la lectura es clave, pues le permite a alguien llegar a la universidad con capacidades para enfrentar una educación guiada. Quién no sabe leer, en el amplio sentido de la palabra, no podrá seguir adecuadamente ni las instrucciones de un manual, menos aún podrá redactar un reporte con lógica estructural.

De allí que Spross vea con buenos ojos que a partir de ya hace varios años la universidad pública del país haya introducido los exámenes de admisión, pues ello le permite garantizar, si no en su totalidad sí en un mejor porcentaje, que quienes ingresan a sus aulas posean mejores niveles de formación. Eso implicará también que los catedráticos ya no tendrán que utilizar tanto tiempo en el traslado de conocimientos básicos que debieran ser bien formados en la primaria, los básicos y el diversificado, y así puedan utilizar ese tiempo en mejorar la calidad del contenido programático de sus cursos.

Spross resalta que está demostrado en el mundo que “los países con más desarrollo son los que logran formar de mejor manera a la gente en el sector científico”. Si vemos que entre los guatemaltecos el área científica es la que menos posibilidades alcanza para desarrollarse, porque los niveles de preparación preuniversitaria no son adecuados en el área de la matemática, pensar en el desarrollo está más complicado.

Además, según la investigadora, es urgente que las universidades en general se vinculen más con las necesidades del sector productivo y así generen más conocimiento del que la productividad necesita. Es decir, que se creen carreras más técnicas que coadyuven al mejoramiento de la productividad en las distintas áreas de la vida nacional.

La academia en acción

Eduardo Suger, uno de los más destacados cientistas y académicos del país, es un crítico mesurado de la educación pública superior.

De acuerdo con el también rector de la Universidad Galileo, antes de analizar las profundidades de la educación pública superior hay que reconocer que manejar la educación pública es mucho más difícil que manejar la privada.

Su amplia experiencia en la Usac, pues trabajó como docente en el alma mater durante 25 años, le han permitido concluir que uno de los grandes obstáculos de la universidad es su estructura orgánica.

Suger menciona que el hecho de que el Consejo Superior Universitario (CSU) sea el ente que decide casi todo en la Usac, también ralentiza los procesos. Como ejemplo cuenta que si una unidad académica lleva al seno del CSU la discusión de un nuevo programa, éste debe ser discutido ante el pleno. Muchos de esos puntos que se incluyen en la agenda, suelen no llegar al momento de la discusión y se dejan para próximas sesiones. Eso, en definitiva, hace que temas importantes para las especificidades de cada unidad académica queden perdidos en el tiempo por amplios períodos.

La falta de flexibilidad en la toma de decisiones, entonces, es un problema para el mejoramiento de la Usac en muchas áreas. Aprobar nuevas carreras, por ejemplo, es muy difícil en la Usac porque deben someterse a una amplia discusión en el CSU. Allí decanos, representantes docentes y estudiantiles, sin contar a los representantes de egresados, de todas las unidades académicas, entran en la discusión con voz y voto. Mientras que en una universidad privada si se quiere abrir una carrera se plantea el proyecto, se desarrolla el pensum, se aprueba y se pone en marcha, nada más fácil.

Hoy día existe demanda de carreras como robótica y mecatrónica, entre muchas otras. Pero abrirlas en la universidad estatal requeriría de mucho tiempo, pues antes deben someterse a la aprobación del CSU.

De acuerdo con Suger, el avance tecnológico hace también que hoy día tengamos muchos jóvenes ampliamente informados y en espera de que el país se ponga al día con carreras universitarias que ya existen en otros países.

Pero, muchos deben asistir a la universidad pública y en ella esas carreras no existen, y para crearlas pasarán muchísimos años de discusiones. Así es que deben buscar la educación privada, lo que significa para ellos una inversión mayor, pues no es lo mismo costear una carrera universitaria en la Usac que en cualquiera de las otras universidades privadas, sea la que sea.

Modificación al sistema

Ante el planteamiento anterior, analistas como Phillip Chicola, director de Gestión Pública en el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF), piensan que resulta imperante la necesidad de modificar el sistema de funcionamiento y financiamiento de la educación pública superior.

Para Chicola, lo inmediatamente urgente es promover un mercado educativo superior más competitivo que dé a los estudiantes más libertades de escogencia. Por ello, considera que mantener un financiamiento del 5 por ciento del presupuesto general de la nación a favor de la Usac no es lo más adecuado.

Chicola cree que esa modificación sería fácil si el Congreso de la República decidiera cambiar el método de la aportación; es decir, que en lugar de entregarle ese dinero a la Usac podría generar un programa de becas en el que los receptores directos del dinero fueran los estudiantes o la universidad que estos escojan para estudiar.

Ese nuevo sistema, según Chicola, motivaría también la competitividad entre la oferta universitaria pero, sobre todo, motivaría el mejoramiento del nivel académico de la Usac, pues tendría que competir en las mismas condiciones con el resto de la oferta educativa.

Por otro lado, de acuerdo con el analista del sector privado, la universidad estatal enfrenta, según él, tres grandes problemas. El primero es que aunque es de las pocas que desarrollan investigación en el país, ésta no es “necesariamente vinculada con las necesidades de quien será el usuario final de esa información”.

El segundo problema es su sobrepoblación estudiantil, pues sus instalaciones ya no se dan abasto para atender tanta demanda. Y el tercero es la politización, un error que, según Chicola, deviene del diseño constitucional que le dio mucha participación política a la Usac en muchas áreas de toma de decisiones y eso la hace apetecible para muchos, pero también la hace desvirtuar sus objetivos educativos para decantarse por los políticos.

Un pensamiento muy similar muestra Ana Clarisa Villacorta, principalmente en el tema del financiamiento para la educación superior.

La empresaria considera que modificar el financiamiento hacia uno de becas directas a los estudiantes garantizaría mucho más el acceso de los más necesitados a la educación superior, de lo que actualmente se consigue. “Cada quien decidiría libremente lo que quiere estudiar y dónde, sin verse obligado a asistir a la universidad estatal”.

Para Chicola y Villacorta este sistema de becas facilitaría el acceso de los estudiantes a carreras que les llaman la atención y con las que la universidad pública no cuenta, pero las privadas sí.

Los problemas de la Usac no son nuevos. Vienen ya de algunos años atrás. Pero si la situación continúa así, lo que se vislumbra es que esos problemas se profundicen, sin que nada ni nadie pueda hacer nada para evitarlo.

Estos problemas, nos hacen observar que en la educación pública superior hay una crisis en viernes.

Carlos Morales Monzón
Periodista y Consultor
Revista GERENCIA
Editorialgerencia@agg.org.gt

 

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