La “ira del tráfico” aumenta cada día en Guatemala

Un parque vehicular desbordado y la falta de soluciones adecuadas amenazan una calidad de vida cada vez más deteriorada

Aura despierta a las 4 de la mañana todos los días para ir a trabajar. Se baña y comienza a arreglarse mientras despierta a su hija Yoselin, de 7 años, para que se vista; la ha bañado la noche anterior. Tras apenas unos minutos, ambas abordan el vehículo familiar junto al marido de Aura, José, y los tres juntos se dirigen a la capital, distante menos de 20 kilómetros: tardarán una media hora en llegar, pero no van al trabajo, ni a la escuela.

Los tres van a la casa de la mamá de Aura, quien vive en la zona 3, cerca del Anillo Periférico; ahí descansan -hasta duermen un poco-, desayunan, llevan a Yoselin al colegio y los padres se van a sus trabajos respectivos en la zona 10, donde entran a las 8 de la mañana. Si solo salieran 15 minutos después de las 4 y media, dice Aura, les tomaría más de dos horas llegar a la capital, con lo que ni dormirían, ni desayunarían. “Vale el sacrificio”, admite esta joven madre, que a la hora de la salida -5 de la tarde- repite el proceso de ir a casa de su mamá, donde ya se encuentran Yoselin y José, para descansar, hacer mandados, cenar y volver a casa en la noche, después de las 8, o se repetiría el largo proceso de las dos horas de camino para recorrer 20 kilómetros.

Gabriela y Aracely trabajan en la zona 12 de la capital, pero viven en Antigua. Deben entrar a su trabajo a las 8 de la mañana, por lo que ambas salen de sus casas en esa ciudad -distante poco más de 50 kilómetros- a más tardar, a las 4 y media de la mañana. Si todo marcha normalmente, harán dos horas de camino; pero cualquier obstáculo -lluvia, accidentes, carros descompuestos- puede provocar colas kilométricas y retrasos hasta de horas. Por las tardes, la dinámica es similar: irse rápido, mejor si antes de las 5, para abordar el autobús y viajar otras dos horas a sus casas.

Cotidianidad adulterada

Historias como estas se repiten a diario y por decenas de miles en una ciudad de poco más de un millón de habitantes, pero que con los municipios vecinos rebasan los 2.5 millones. Muchos de estos vecinos van a trabajar a la capital, porque es ahí donde se ofrecen las mejores plazas con salarios más competitivos, además de los planteles de estudios considerados de mayor calidad o estatus, los centros de diversión, centros comerciales, hoteles y restaurantes, así como el principal aeropuerto del país.

En las calles de la Ciudad de Guatemala, con capacidad para unos 350 mil vehículos, circulan, según estimaciones de la Policía Municipal de Tránsito, alrededor de 1.5 millones de carros diarios, pero solo la mitad corresponden a los vecinos del municipio: el resto proviene de los vecinos municipios de Mixco, Villa Nueva, San José Pinula, Santa Catarina Pinula, Chinautla y varios más.

De acuerdo con empresarios del sector, desde 2009 en adelante, el parque de carros nuevos del país crece un 9% anual: ha pasado de 1.1 millones en 2005 a 3.5 millones en 2017, aunque es importante reseñar el empuje de los autos rodados -traídos de segunda mano de Estados Unidos-, que muestran un crecimiento de 5% anual y que mueven alrededor de Q2 mil millones.

Sin embargo, el mercado de mayor crecimiento es el de vehículos de dos ruedas, que ya representa alrededor del 35% del parque vehicular con un crecimiento de 535% en los últimos diez años, de acuerdo con Walter Rojas, ejecutivo de Itálika, citado en una nota del matutino Prensa Libre, quien agrega que este sector crece en 100 mil unidades por año.

Según la PMT de la capital, del total de vehículos en la capital, el 75% corresponde a carros particulares; 18% son motocicletas; 4%, transporte pesado y solo 0.6% es alternativo, como bicicletas. Ocho de cada 10 vehículos son particulares.

Y aunque los vehículos pesados sean los causantes de mayor contaminación auditiva y del aire, estos transportan en promedio a 50 usuarios, mientras un carro particular solo lleva 1.5 usuarios de media, reseña un artículo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).  Según este dato, cada usuario de automóvil produce un congestionamiento 11 veces mayor al de cada usuario de autobús.

Ciudadanos enfermos

Aura, Yoselin, José, Gabriela y Aracely quizá no lo sepan, aunque sí lo padecen: la tensión causada por la necesidad de llegar al trabajo en medio de tanto tráfico y con tanto tiempo les está causando una serie de enemigos invisibles: la llamada “ira del tráfico”, que eleva el ritmo cardíaco, aumenta la presión arterial, eleva los niveles de adrenalina y noradrenalina -las hormonas de la energía-, además de que la inactividad asociada a permanecer durante horas sentado en el tráfico provoca síndrome metabólico y males cardiovasculares, ansiedad y frustración.

Un estudio de 2017 del portal rpp, de Perú, reveló que una persona que viaje de 10 a 15 kilómetros en un congestionamiento vial, bajo la presión de llegar a su destino a una hora ja, va a sufrir aumento de la presión arterial, de azúcar en la sangre y de colesterol. Además, agrega, sufrirá alteraciones de sueño o insomnio, con sus concomitantes consecuencias para la salud mental y física en general.

En la capital, el 75% de los vehículos corresponde a carros particulares; el 18% son motocicletas; el 4% es transporte pesado y solo el 0.6% es alternativo

Los conductores que deben padecer tantas horas dentro de una congestión vial son más propensos a sufrir dolores de espalda y cintura, con efectos en la columna vertebral y los riñones.

El principal efecto de las congestiones viales, según el estudio ya citado de la Cepal, está ligado a un descenso en la calidad de vida de quienes las padecen cotidianamente, además del costo del tiempo personal perdido y los inherentes a mayores gastos por desgaste de los vehículos y mayor consumo de combustibles.

Sobre esto, un reportaje de Sandra Vi, publicado afines de 2015 en Prensa Libre, indicaba la siguiente estimación preliminar: cada persona atrapada diariamente en el tráfico afronta pérdidas de alrededor de Q29.55 diarios -unos Q7 mil 400 anuales-, pero que toma en cuenta únicamente unos 251 días laborales del año (sin fines de semana, ni días festivos).

De acuerdo con una nota del matutino nicaragüense El Nuevo Diario de junio de 2017, en las grandes metrópolis del mundo la productividad laboral desciende hasta en 28% debido a los congestionamientos viales.

Un artículo del diario español El País, del 24 de junio de 2018, estima en más de 93 mil las muertes causadas por la contaminación que genera el exceso de vehículos en la última década, ocho veces más alta que las causadas por accidentes de tránsito.

“Hay que restringir el tráfico”, afirma en la misma nota la bióloga española Cristina Linares, de la Escuela Nacional de Sanidad de Madrid.

Julio Díaz, científico de esa misma institución, describe el camino a seguir: reforzar el transporte público, crear estacionamientos en las entradas a la ciudad y evitar que ingresen más carros, “con peajes o como sea”, advierte.

El tiempo se agota. Según analistas locales, la ciudad de Guatemala corre el riesgo de ser intransitable en un término no mayor a cinco a seis años. Y entonces, ¿quién detendrá la “ira del tráfico”?

Antonio Girón
Colaborador
Revista GERENCIA
editorialgerencia@agg.com.gt

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