Perspectivas económicas 2024: calma tras la tormenta

La estabilidad macroeconómica es el principal activo de Guatemala

Los tres años de pandemia provocaron una de las mayores inquietudes económicas de las últimas décadas. Al tratarse de un fenómeno global, causó daños en las economías de prácticamente todos los países del mundo, del que Guatemala no solo no pudo escapar, sino que padeció las consecuencias de una economía pequeña y dependiente de los grandes mercados del exterior. 

“La economía global se desaceleró en los últimos seis meses (de 2023) por el aumento de las tasas de interés y políticas fiscales restrictivas”, apunta Paul Boteo, director ejecutivo de la Fundación Libertad y Desarrollo de Guatemala, un centro de pensamiento privado. Sin embargo, para Abelardo Medina, encargado del área de análisis macrofiscal del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), se espera una normalización del crecimiento en torno a valores de antes de la pandemia (3.5% anual). 

“El desempeño económico mundial en 2024 se antoja relativamente más suave y con menos sobresaltos”, comenta el analista. 

Sigfrido Lee, investigador asociado del CIEN.
Claudia Galán, economista
y catedrática universitaria.

La economía de los mercados tradicionales de los productos guatemaltecos aún no retoma los niveles de antes de la pandemia; de este modo, se espera que el crecimiento económico en Estados Unidos se sitúe en alrededor del 1.5%, contra el 2.1% de 2022, señala Sigfrido Lee, investigador asociado del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN). 

Pese a ello, podemos esperar una recuperación de las exportaciones guatemaltecas de hasta un 4.2%, especialmente por la demanda de productos intrarregionales, explica la economista y catedrática Claudia María Galán. En ese marco, “se necesita impulsar la infraestructura y mejorar la competitividad logística, apostar al turismo y nuevos nichos para atraer más divisas”, señala la especialista. 

Una sombra alargada 

Este marco medianamente optimista únicamente se ve ensombrecido por el fantasma de la inflación, cuyos efectos en el globo han perdurado a lo largo de los últimos tres años. 

“Globalmente, afirma Boteo, la inflación ha logrado reducirse gracias a que las alzas en las tasas de interés lograron enfriar la demanda agregada, y los consumidores han moderado sus compras”. Para este año, indica Galán, se prevé una reducción en 5.8% de la tasa de inflación por el endurecimiento de la política monetaria y los menores precios internacionales de las materias primas. 

Pero es alentador que en los últimos meses se haya visto un retroceso de la inflación, con tendencia general a la baja, aunque el indicador aún es capaz de afectar las perspectivas de crecimiento a corto plazo, advierte Lee. A esto contribuiría la crisis de los contenedores, la producción de suministros o algún conflicto internacional, agrega Medina, quien también señala la debilidad que está causando la sequía en el Canal de Panamá. 

En el ámbito local, los expertos juzgan altamente probable que el Banco de Guatemala mantenga el alza de los precios en el rango previsto del 4% en 2024. 

“El Banguat deberá reducir la tasa de interés líder en la medida en que el nivel de inflación regresa a los niveles cercanos a la meta y las expectativas se moderan”, afirma Lee, a lo que Medina agrega que el banco central debe estar atento a la persistencia de mayores valores de inflación en las expectativas de los agentes económicos. 

Para Galán, la estabilidad macroeconómica es el principal activo de Guatemala. “Una inflación moderada y un tipo de cambio estable colocan al país como una economía muy competitiva y atractivo para la inversión”, afirma. En todo caso, podría sentirse algún efecto de la inflación importada, pero esperaríamos que en el segundo semestre del año comience a bajar la tasa líder, que desde noviembre se sitúa en el 5%, señala Boteo. 

¿Otra década perdida? 

En un informe reciente, economistas del Banco Mundial advertían de la posibilidad real de que vivamos una década de oportunidades perdidas para la economía global. 

En este sentido, según el director ejecutivo de la Fundación Libertad y Desarrollo, el mayor riesgo para la economía global es un período extenso de lento crecimiento o de estancamiento económico.  

Por ejemplo, el comercio podría “ralentizarse” por el desacoplamiento entre las economías de los países de Occidente y la segunda gran potencia mundial, China, además de que los conflictos geopolíticos podrían acarrear un costo económico alto. 

Situaciones como estas, apunta Medina, representaron un auténtico retroceso para numerosos países, porque, en muchos casos, se carece de planes estratégicos vinculados a la realidad fiscal nacional. 

A esas sombras se oponen algunas lucen al final del túnel. La analista independiente Claudia Galán enfatiza en que, la pandemia dejó muchas oportunidades a nuestro país para apostar a entrar en nuevos mercados, así como la posibilidad de más acceso y uso de nuevas tecnologías y otras formas de educación.  

“El lado optimista es el surgimiento de la Inteligencia Artificial, que permite ser más productivos y reducir costos”, agrega Boteo. 

Para los países de Centroamérica, una de las oportunidades transformadoras, en medio de los temores del Banco Mundial, radica en el impulso al nearshoring. Pero, para impulsar esta externalización o deslocalización cercana de empresas, insiste Galán, se necesita mejorar la infraestructura, especialmente las conexiones de nuestro país y del Istmo con México. 

El efecto de las remesas 

En las dos últimas décadas, Guatemala se ha convertido en un neto exportador de cerebros y mano de obra a mercados de fuera, en particular a Estados Unidos, destino de más del 90% de los migrantes guatemaltecos que buscan en el exterior las oportunidades económicas que su país no les brinda. 

Guatemala es el decimocuarto país del mundo en recepción de remesas”, informa Abelardo Medina al analizar los resultados y las causas de este fenómeno, que a juicio del experto fiscal, “refleja el fracaso de los gobiernos guatemaltecos por generar políticas que promuevan el empleo, mejores condiciones para la inversión y la diversificación productiva”. 

De acuerdo con la analista independiente, si bien las remesas en el fondo son un reflejo de la falta de oportunidades económicas en Guatemala, también constituyen un fuerte impulso para la mejora del consumo y son un factor clave para sostener la economía nacional, en particular la estabilidad y el tipo de cambio, agrega Boteo. 

Lee señala que, sistemáticamente, las remesas han venido aumentando a lo largo de los últimos veinte años, si bien cabe esperar que en 2024 su tasa de crecimiento se desacelere ligeramente, aunque siga siendo positiva. Las remesas crecieron un 11% en términos relativos en 2023 y se espera que este año se sitúen en un rango de alza de entre 7% y 10%. 

Las remesas que envían esos más de dos millones de trabajadores guatemaltecos en el exterior ya representan una quinta parte del valor total del PIB, coinciden los analistas, una suma mayor que el total de las exportaciones de bienes y servicios, y con tendencia a seguir aumentando en la medida en que falten las oportunidades y más guatemaltecos emprendan cada día un viaje lleno de riesgos, pero con el aliciente de obtener unos ingresos que aquí se ven como poco menos que imposibles e impensables. 

Un horizonte esperanzador 

Guatemala tiene un nuevo gobierno desde el 15 de enero, luego de un período de alta inestabilidad ocasionado por instituciones estatales reacias a abandonar el cofre de corrupción que heredó y amplió el régimen de Alejandro Giammattei (2019-2023). 

Esta coyuntura puede ofrecer nuevas posibilidades a Guatemala, concuerdan los analistas, siempre que se sigan cumpliendo ciertas condiciones de fomento de la estabilidad y la imagen del país en el exterior. 

El nuevo gobierno de Bernardo Arévalo, afirma Boteo, “debe brindar la estabilidad política que revierta el daño a la imagen del país causado por instituciones del anterior gobierno”, un análisis que refleja el sentir de la mayoría de especialistas que observan la influencia que los acontecimientos políticos generan sobre la economía. 

Dentro de ese marco de actuación, y bajo la óptica de que Arévalo es ideológicamente muy distinto al régimen que dejó el poder, Lee insiste en que se deben respetar los fundamentos macroeconómicos, especialmente un bajo déficit fiscal y un manejo “prudente” de la deuda pública. Arévalo, añade el investigador del CIEN, debe dar señales claras y contundentes en favor de la inversión privada.

El director de la Fundación Libertad y Desarrollo, por su parte, propone una agenda “agresiva” del nuevo gobierno, que incluya obras de infraestructura, mejora en la logística del comercio y promoción de la transparencia y la rendición de cuentas, con el objetivo de incrementar la confianza de los agentes económicos. 

Uno de los factores clave será la seguridad jurídica y la promoción del Estado de Derecho como garantes de más y mejores inversiones, sugiere Galán, para quien Arévalo debe apostar por el fortalecimiento institucional si es que quiere ver avances en la situación económica general. 

Medina propone una lista de actividades que darán certeza a los agentes económicos y ayudarán a lanzar la economía nacional: regular el mercado cambiario y la tasa de interés, o bien crear líneas de crédito para inversionistas de bajos recursos, además de impulsar una ley de aguas y los niveles de competitividad interna.  

Panorama halagüeño 

En su análisis anual de expectativas económicas, el Banco de Guatemala hace un repaso general de los principales indicadores de la economía nacional, los cuales reflejan un panorama más alentador para los agentes económicos. 

El banco central espera para 2024 un alza de 4.2% en las exportaciones guatemaltecas, apoyada en las alentadoras perspectivas de crecimiento de la economía mundial. Paralelamente, las importaciones de bienes y servicios crecerán en un 4%, destaca el informe. 

Una de las actividades de las que se espera un mayor crecimiento en 2024 es la financiera y de seguros, que pasaría de un 4.4% del PIB a un 7.3%, por el aumento del crédito al sector privado, lo que favorecerá a las entidades bancarias y financieras. 

Las actividades inmobiliarias también podrían expandirse hasta un 4.1%, debido al aumento de los alquileres residenciales, un efecto colateral del mayor número de construcción de viviendas previstas. 

También la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca podrían crecer un 2.2% en 2024, estima el Banguat. Ello se debería a mayores rendimientos en las áreas de cultivo y al crecimiento de la demanda externa. 

Carlos Tárano 
Periodista 
Revista Gerencia 
editorialgerencia@agg.com.gt

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