¡Por la segunda vuelta electoral!

Entre Sandra Torres, de la UNE, y Alejandro Giammattei, de Vamos

Por si las elecciones recién pasadas no hubiesen sido suficientemente complicadas, el panorama de la incertidumbre en el conteo de votos -producto de diversos fallos mal gestionados por el TSE- ha generado comentarios sobre posible fraude que ha servido para que extremistas próximos al gobierno actual propongan cualquier barrabasada desde la anulación del proceso hasta la intervención del PGN, lo que facilitaría sus propósitos autoritarios que vienen evidenciando desde hace más de un año.

Para los escépticos de los “golpes de estado” modernos, un poco de literatura no vendría mal para ponerse al día sobre cómo se destruyen los sistemas políticos, así que aconsejo el libro “Cómo mueren las democracias”, de Levitsky y Ziblatt, dos profesores de Harvard que dejan claro muchos conceptos, aplicables la mayoría de ellos a lo que sucede en Guatemala en estos momentos. En todo caso, el tradicional gatopardismo nacional hará que todo cambie para que todo siga igual y debatamos o no, en agosto deberemos decidir entre los dos candidatos más votados: Sandra Torres y Alejandro Giammattei.

La segunda vuelta ha sido tradicionalmente la manera de decir no -más que si- a uno de los postulantes. Votar por el “menos malo” es la constante de todos los procesos electorales pasados. Ante la imposibilidad de que los candidatos que suelen llegar a esta “final” cuenten con suficiente aceptación, la ciudadanía se vuelve apática, reduce su participación y vota por aquel que le parece “menos peor”, siguiendo el léxico nacional.

La participación deja de contar con el entusiasmo que debería tener y la resignación a padecer cuatro años un mal gobierno más se acomoda en la mente del ciudadano, que se vacuna para un período más en el que no habrá ninguna intención de cambiar cosas para que el siguiente sea diferente. La idiosincrasia nacional -si eso existe- es pasiva, dejada, condescendiente, tolerante, miedosa y conformista, y así nos va…, pero de mal. En otros lugares se aprende de los errores -condición por otra parte animal- para que no se vuelvan a producir, aquí nos lamentamos de ellos, pero no hacemos mucho -o nada- para evitarlos en el futuro ¡Vaya diferencia la que hacemos!

El panorama para la segunda vuelta, que es lo que ahora interesa, tendrá al menos tres características que deben tenerse en cuenta. La primera, quizá la menos importante para el votante, es la campaña negra que seguramente se desatará para mostrar las “debilidades y deficiencias” de las dos opciones. Habida cuenta de que este país confía y cree en las “bolas”, parecen tener efecto y es de recibo considerarlo por cuanto amigos y conocidos les enviarán videos, memes, fotos y noticias de saber qué lugar, que darán por ciertas muchas perversidades creadas por grupos que generan falsas opiniones ¡Atentos a ellos!

La segunda, se refiere a si será posible que Giammattei supere a Torres y consiga unos 600,000 votos más de los ya obtenidos que es la diferencia con ella. Teniendo en cuenta que las encuestas publicadas mantuvieron un alto grado de coherencia -las buenas, no las manipuladas por algunos- es presumible aceptar lo siguiente: Sandra Torres ha tenido todos los votos posibles, el alto grado de rechazo augura que no les serán endosado más y al ser altamente conocida no es posible un crecimiento por ese factor.

En resumen: obtendrá como máximo los que alcanzó el pasado 16 de junio. Alejandro Giammattei, por su parte, puede crecer por conocimiento, aunque ese factor no creo que incida sustancialmente y seguro captará votos diluidos en primera vuelta entre partidos de centro derecha. Hay dos ejemplos sustantivos a tener en mente para este escenario: la segunda vuelta electoral en El Salvador en 2014 en que el perdedor (Quijano) se quedó a menos de 6,500 votos del ganador (Sánchez Serén), después de una intensa campaña para superar 260,000 votos de diferencia, o las pasadas elecciones en Costa Rica en que el actual Presidente Alvarado Quesada superó al opositor Alvarado Muñoz por más de 460,000 votos, a pesar de que este le había ganado en primera vuelta por casi 66,000 votos de diferencia.

El candidato Giammattei no lo tiene fácil, pero es posible que pueda ganar. Las condiciones expuestas en relación con el grado de conocimiento de Torres y el porcentaje de rechazo expresado en diferentes mediciones, permite inducir que es posible revertir los resultados, si bien se deberá pactar con alcaldes y diputados, hacer una campaña estratégica focalizada en las debilidades de la candidata y captar el voto del centro derecha que no es endosable, pero que seguramente sería posible siguiendo esa máxima, ya establecida como costumbre, de votar por el “menos malo”.

El tercero y último elemento por considerar se refiere a que Sandra Torres no solo es rechazada por muchos votantes sino también vista a lo interno de su partido, por una parte, de la élite, como alguien que debe ser sustituida y relevada porque frena más de lo que aporta. Muchos diputados de la UNE, aunque parezca un contrasentido, estarían mejor sin Sandra en el poder que con ella, porque así se iría produciendo un relevo natural en el partido que destaca por el alto grado de autoritarismo de su dirigencia desde 2008.

¿Será Giammattei capaz de captar el voto errante y convencer a propios y contrarios de que es la mejor opción o la menos mala? ¿Podrá convencer a unos votantes urbanos de que tienen la oportunidad de revertir las cifras hasta ahora conocidas? Ahí está el reto de los estrategas, pero también de los votantes que deben decidir entre dos opciones que seguramente no gusten a muchos pero que, como ocurre desde 1986, es la antesala de cuatro años venideros malos o peores. En cualquier caso, la irresponsabilidad nos lleva a estas situaciones y me da que será la cantaleta de 2023 cuando estemos justamente hablando de lo mismo.

 

Pedro Trujillo
Consejero Editorial
Revista GERENCIA
www.miradorprensa.blogspot.com

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