Calidad educativa, horizonte y utopía

Una vez alcanzada la calidad en educación, hay que evaluar y avanzar antes que la realidad la alcance

Alrededor de 2.1 millones de jóvenes comprendidos entre los 13 y 24 años de edad no asisten a ningún centro educativo en Guatemala, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Además, según el Programa Juventud de la Unión Europea, cerca de 800 mil jóvenes -el 20 por ciento de la población joven del país- no estudian ni trabajan, situación que los coloca en un estado de vulnerabilidad ante la violencia, ya sea como actores, como víctimas o como migrantes.

A los datos anteriores se debe añadir que, aunque ha aumentado la cobertura de la educación primaria, según datos del Sistema Nacional de Indicadores Educativos 2014, un 46.4% en el nivel preprimario y un 82% en el nivel primario, aunque con calidad cuestionable, hay poca cobertura en la educación secundaria o media, en donde solamente se alcanza un 44.9% y en el ciclo diversificado apenas se atiende a un 23.8% de la población joven. Y de este porcentaje, un 80% es atendido por la iniciativa privada lo que evidencia que el Estado es casi inexistente en la educación diversificada.

Para algunas personas es incómodo ver que sus vecinos viven mejor, en igualdad de posibilidades aunque probablemente no con la misma voluntad de cambiar. Esta es una realidad que, llevada a otros niveles, se observa en Centroamérica, al comparar, por ejemplo, los índices de desarrollo humano de Guatemala con los de Costa Rica.

 Salvador Paiz, vicepresidente de la
Fundesa.

Sin embargo, tal parece que este no es el único país que está haciendo bien la tarea.

Nicaragua ha aumentado la inversión pública en educación. En 2010 había invertido el 4.57 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), y ahora se comienzan a ver mejoras en las condiciones de vida. Guatemala, por su parte, es uno de los países con el menor gasto en educación como porcentaje del PIB, 2.6 en 2014, solo superado por el 2.8 alcanzado en el año 2010, según el documento Optimización inicial de los recursos para educación, publicado por la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes). A pesar de que el gasto en educación ha aumentado de forma permanente entre 1997 y 2014, con una cifra de 17.42 por ciento del presupuesto general de ingresos y egresos de la nación, la mayoría se destina a gastos corrientes, mientras que la inversión es todavía muy baja.

Aunado al aumento de la asignación presupuestaria se han realizado otras acciones. Desde 2011, el Ministerio de Educación (Mineduc), gracias al trabajo conjunto con el Consejo Nacional de Educación, definió ocho políticas educativas: cobertura, calidad, modelo de gestión, recurso humano, educación bilingüe e intercultural, aumento de la inversión educativa, equidad y fortalecimiento institucional y descentralización.

En algunas de estas políticas hay señales de avance, por ejemplo en cuanto al incremento de cobertura en el nivel primario, a la reducción del analfabetismo, a la disminución de brechas de género, a la formación continua de docentes y a la formación inicial de docentes a nivel universitario. A pesar de que se han dado pasos importantes, es necesaria la continuidad para evidenciar un impacto real. La calidad educativa es uno de los temas considerados entre las políticas, es transversal y, a juzgar por las mediciones del Foro Económico Mundial, debiera ser un tema prioritario. Según esta institución, de 144 países medidos, Guatemala ocupa el puesto 137, en cuanto a calidad en la educación en ciencias y matemáticas; en cuanto a calidad en la educación primaria ocupa el puesto 136 y en cuanto a calidad general del sistema educativo, el puesto 130.

Los resultados obtenidos por los jóvenes que se gradúan del nivel medio son preocupantes y reflejan lo señalado. Solamente 26 de 100 alumnos ganan las pruebas de lenguaje y apenas el 8 por ciento las de matemática. Los resultados son el último eslabón de la cadena de formación precaria recibida desde la preprimaria. Para fortalecer el último eslabón es necesario clarificar el concepto de calidad educativa y la visión de lo que se quiere lograr e Educación (Mineduc), gracias al trabajo conjunto con el Consejo Nacional de Educación, definió ocho políticas educativas: cobertura, calidad, modelo de gestión, recurso humano, educación bilingüe e intercultural, aumento de la inversión educativa, equidad y fortalecimiento institucional y descentralización.

En algunas de estas políticas hay señales de avance, por ejemplo en cuanto al incremento de cobertura en el nivel primario, a la reducción del analfabetismo, a la disminución de brechas de género, a la formación continua de docentes y a la formación inicial de docentes a nivel universitario. A pesar de que se han dado pasos importantes, es necesaria la continuidad para evidenciar un impacto real. La calidad educativa es uno de los temas considerados entre las políticas, es transversal y, a juzgar por las mediciones del Foro Económico Mundial, debiera ser un tema prioritario. Según esta institución, de 144 países medidos, Guatemala ocupa el puesto 137, en cuanto a calidad en la educación en ciencias y matemáticas; en cuanto a calidad en la educación primaria ocupa el puesto 136 y en cuanto a calidad general del sistema educativo, el puesto 130.

Los resultados obtenidos por los jóvenes que se gradúan del nivel medio son preocupantes y reflejan lo señalado. Solamente 26 de 100 alumnos ganan las pruebas de lenguaje y apenas el 8 por ciento las de matemática. Los resultados son el último eslabón de la cadena de formación precaria recibida desde la preprimaria. Para fortalecer el último eslabón es necesario clarificar el concepto de calidad educativa y la visión de lo que se quiere lograr entrega oportuna de programas de apoyo como alimentación escolar, útiles escolares y valija didáctica; padres de familia que participan y colaboran con la escuela y el aprendizaje de sus hijas e hijos, y estudiantes que leen y aprenden porque poseen mayores posibilidades de concluir el nivel primario.

Por otro lado, los estudiantes deben ir a la escuela 180 días de clase; se requiere supervisión educativa que acompaña a directores y docentes en la escuela; enseñanza bilingüe intercultural pertinente que dé respuesta a las necesidades del contexto cultural; contar con miembros de la sociedad civil que se interesen e involucren en el desarrollo educativo; un proceso de gestión educativa efectivo, instalaciones educativas que motivan el proceso educativo e implementar el Currículum Nacional Base (CNB), para desarrollar competencias para la vida y el trabajo.

Ambas opiniones dan un lugar preponderante a la preparación de los docentes y a la reforma educativa y sus herramientas de profesionalización. Sin embargo también es pertinente la opinión de Claudio de Moura, experto en educación quien afirma que, “las ideas que pueden funcionar tienen que pasar por el filtro de la cultura de la historia, de las idiosincrasias de cada país”.

Cada uno de los componentes señalados por Hernández, tanto en preprimaria, como en primaria y en ciclos básico y diversificado, poseen una ruta de desarrollo propia, obstáculos y formas de solución. La necesaria ampliación de cobertura con calidad para la preprimaria y para el ciclo básico y diversificado y para los subsistemas escolar y extraescolar implica que el Mineduc cuente con fondos para recurso humano e infraestructura.

Ana María Hernández,
Investigación Educativa de Asíes.

En particular para el nivel pre primario, donde solamente asisten a la escuela 46 de cada 100 niños en edad, es necesario “favorecer el crecimiento de la tasa de escolarización con la apertura de escuelas de nivel en jornada vespertina”, señala Hernández. Y añade que, además, es importante que todas las escuelas de nivel primario cuenten con aulas de nivel preprimario. Se debe trabajar también en sensibilizar sobre la importancia del nivel preprimario ya que de los 82 estudiantes de cada 100 que comienzan el ciclo primaria, solamente 46 han pasado por la preprimaria, lo que coloca en situación de desventaja, en cuanto a habilidades y destrezas, a los 36 estudiantes restantes. Es comenzar una carrera con una desventaja más.

En cuanto a contar con la entrega oportuna de apoyo para todos los niveles, Hernández señala que sigue habiendo deficiencias. En 2015 “se volvió una práctica que se había abandonado hace muchos años y que consiste en que el Mineduc compró cuadernos, lapiceros y borradores directamente y los entregó a principios de año y ofreció que posteriormente se haría la segunda entrega de otros materiales”. La segunda entrega se hizo en el mes de mayo y consistió en un desembolso para que cada centro educativo los adquiriera directamente de acuerdo a sus necesidades. El problema es que mayo ya es casi la mitad del ciclo lectivo, añade Hernández.

Uno de los temas que más llama la atención en cuanto a calidad educativa es la asistencia a clases, que en el caso de Guatemala se trata de 180 días de clase al año durante 4.5 o 5 horas diarias. La cantidad de días debería ser considerada como línea base. Sin embargo, en muchas escuelas del sector público esta cantidad de días se convierte en el número máximo debido a múltiples razones, pero en particular a la inasistencia de los maestros.

Este es un elemento que los padres de familia valoran y toman en cuenta a la hora de inscribir a sus hijos, ya que identifican la cantidad de días que los estudiantes asisten con una buena educación o “que ahí sí les enseñan bien”. Hernández señala que la cantidad de días podría ser aumentada con solo que hubiera voluntad política. Añade que es más difícil aumentar la cantidad de horas diarias de asistencia al centro educativo porque casi todas las escuelas funcionan con doble jornada diaria. Este es un tema parte de la reforma educativa, un área en la que se ven involucrados todos los actores.
Paiz señala que hay experiencias exitosas como las de Ecuador y Colombia que muestran luego de la reforma a unos docentes fortalecidos y dignificados con mejores salarios, más a gusto y mejor valorados en la sociedad. Sin embargo, para hacerlo se requiere de “liderazgo y voluntad política”, añade.

En el nivel primario es importante que los estudiantes aprendan a leer, lo que parece una obviedad, pero no es así. Por ello, señala Hernández que es importante que se institucionalicen programas nacionales como Leamos Juntos y Contemos juntos. El éxito de programas como estos acerca la posibilidad que el estudiante pase al nivel medio en mejores condiciones y con otras competencias. Sin embargo, el apoyo implica que debe haber, entre otros recursos, materiales de lectura que sean cultural y lingüísticamente pertinentes,  que haya conocimiento y uso del lenguaje materno y que los docentes tengan gusto por la lectura y las competencias lectoras.

En el documento Más cobertura y más calidad: mayor educación, Hernández señala que de 82 estudiantes que comienzan la primaria, solamente 44 inician el ciclo básico, siendo las causas de la discontinuidad escolar la falta de dinero, seguido porque no les interesa, por trabajo, por otras razones y porque, las mujeres, en relación de 13 a 1, se dedican a oficios domésticos.

Posteriormente, al pasar al diversificado, un ciclo en el que la mayor oferta educativa es ofrecida por el sector privado, continúan las deserciones y solamente un 23.8% continúa con su formación. Las causas de la reducción en la tasa de los hombres “giran en torno a las responsabilidades paternas o de cónyuge que adquieren a temprana edad”, señala Hernández.

Este es un problema, al igual que el de las madres adolescentes dentro del sistema escolar, que puede atajarse si se implementara la estrategia de Educación Integral en Sexualidad, una responsabilidad que el Mineduc ha eludido flagrantemente. Sin embargo, a juicio de Moura, el problema de la calidad en la formación básica es que, “hay demasiados roles para las secundarias, queremos una formación básica, cultural, valores, ciudadanía, preparar para la enseñanza superior (…) y para el mercado laboral al mismo tiempo (…) sin embargo no es posible hacer todo bien”.

Hernández señala que para aumentar la cobertura educativa de calidad en los ciclos básico y diversificado, se debe aumentar la cantidad de institutos que funcionan en jornada nocturna o plan fin de semana, se deben implementar modalidades flexibles y fortalecer el emprendimiento, la formación técnica y la reestructuración del subsistema de educación extraescolar.

Paiz habla de vacíos. Alguna o todas estas acciones permitirían que los 800 mil jóvenes fuera del sistema educativo posean algún contacto con el sistema educativo y adquieran competencias para la vida y “para integrarse al mudo laboral y mejorar significativamente la calidad de vida y la de su familia”, señala Paiz.

Actualmente el ciclo diversificado, según datos del Encovi 2011, facilita que solamente 1 de cada 10 jóvenes entre los 18 y 30 años continúe sus estudios en el nivel superior. Hosy Orozco, consultor de Asíes, en el documento Educación extraescolar, vía rápida para el empleo señala que, “se sugiere la creación de programas de tercera generación que incluyen intermediación laboral, incentivos para empresas que contraten jóvenes, formación y posibilidades de contratación, becas o transferencias monetarias para jóvenes, programas de inclusión social, ciudadanía y desarrollo de competencias para la vida. Estos programas deben estar dirigidos prioritariamente a jóvenes desertores del subsistema educativo escolar y que tienen escasa experiencia laboral”.

Una de las tareas fundamentales para ofrecer calidad educativa es la profesionalización docente. En este sentido se ha “avanzado cualitativamente”, señala Hernández, al lograr que los docentes del nivel primario sean formados a nivel universitario y puedan desarrollar competencias en áreas básicas y especificas de la carrera. Esto se verá reflejado en el desarrollo de las competencias de los estudiantes de nivel primario y en que recibirán servicios de calidad.

“El retroceso a nivel medio de la formación afectaría el desarrollo integral de las nuevas generaciones y el crecimiento socioeconómico de Guatemala”, comenta Hernández. Sin embargo, también es cierto que las universidades deben poner especial atención en no replicar los mismos vicios de una educación tradicional repetitiva y que asuman su papel de “formador de formadores”.

La profesionalización en el nivel medio sigue siendo una necesidad, dado que en su mayoría los docentes de este nivel han sido formados de forma generalista y no específica en un área. “El problema es que muchos docentes no saben lo que enseñan”, añade Hernández.

Para Paiz, la excelencia docente se convierte en el factor determinante del nivel educativo al que pueda aspirar un país. Advierte que, “no lograremos mejoras en calidad educativa sin una reestructuración sistémica que permita atraer y retener al mejor talento docente posible. Sin una buena formación docente, además de educadores bien seleccionados, capacitados e incentivados, la calidad educativa es tan solo una frase aspiracional, pero inalcanzable”.

No se debe perder de vista que la calidad educativa sobre todo se hace en el aula, ya que es ahí donde se aprenden y desarrollan las competencias apropiadas. Por lo que, el docente debe contar con un eficiente proceso de formación con acceso a servicios educativos de calidad, con evaluación y acompañamiento, continuó Hernández.

Un ejemplo de esto es el Programa de Profesionalización Docente (PADEP/D) a cargo de la universidad de San Carlos, en el que los docentes se profesionalizan en el nivel primario intercultural y bilingüe intercultural y ofrecen acompañamiento pedagógico.

Hernández subraya que los resultados obtenidos en este programa evidencian un cambio en la actitud. Paiz añade a lo dicho que es necesario reformar el sistema de supervisión para que los maestros cuenten con acompañamiento pedagógico constante dentro de las escuelas, que se implemente la carrera del director e introducir evaluación del desempeño docente.

Paiz apuesta porque el sistema educativo fortalezca el aprendizaje real de los estudiantes, que cuente con docentes preparados, escuelas fortalecidas y reformas integradas. Pero, además invita a estar abiertos a nuevos modelos educativos y pone como ejemplo Khan Academy, cuyo fin principal es apalancar la tecnología.

Khan propone un modelo donde se invierte en el salón de clases. La cátedra se recibe en casa a través de una plataforma a la que se accede por medio de un dispositivo tecnológico, las tareas se hacen en la escuela y el maestro sirve de apoyo a los estudiantes.

Roberto M. Samayoa O.
Periodista
Revista GERENCIA
editorialgerencia@agg.org.gt

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